martes, 21 de agosto de 2012
Concepción, Chile
jueves, 12 de enero de 2012
Roma, via di Sant'Ignazio
lunes, 2 de enero de 2012
miércoles, 23 de febrero de 2011
Mendigos en Amsterdam
El viento húmedo hacía aún más fria una noche, de por sí poco hospitalaria. Solo y por primera vez en esta ciudad, no lo pensé dos veces y me lanzé a recorrer sus calles. Sin saber muy bien cómo, llegué a un punto en que los caminos se bifurcaban, por dos lados se extedían canales y por otro se accedía a una plaza. Me detuve un segundo, intentando en vano fotografiar una torre en medio de la oscuridad anaranjada por las luces de la ciudad.
Me interrumpe la amable voz de un anciano, de barbas blancas y un ojo desorbitado, que en un inglés bastante mejor que el mío comenzó a explicarme lo que tenía en frente. "Ese es la Munttoren, una de las entradas de la ciudad medieval", contándome un poco su historia y orientándome en la ciudad, añadiendo luego, que vivía en las calles a pesar del frio, pidiendo cortezmente si tendría una moneda que darle. Retribuída la información turística, me despedí dándole las gracias.
Continué mi camino hasta detenerme en la desierta Plaza Dam, donde se me acercó un sujeto unos 40 años, diciendo algo en neerlandés que no comprendí. Peguntando acto seguido de dónde era, si era primera vez que estaba en la ciudad y que había venido a hacer. Sacando a colación a Salas y Zamorano, como queriendo lograr cierta complicidad, me cuenta que es refugiado serbio que arrancó hace unos 10 años de Kosovo, donde las milicias albanesas habrían asesinado a toda su familia, habiéndose salvado solo por hablar albanés y hacerse pasar por uno de ellos. Pidiendo por cierto, una moneda él también, luego de aclarar que vive en la calle de manera ilegal pues se le acabó la condición de refugiado y no tiene trabajo.
Sin salir aun de mi asombro y dudando seriamente si volver a detenerme a fotografiar algo nuevamente, continué raudo mi camino ...
martes, 15 de febrero de 2011
Nápoles, una joya oculta en la basura
Parecía una ocasión propicia. Luego de meses y hasta años de "emergencia sanitaria" por la cantidad de basura que se aglomera en sus calles, el gobierno de estas tierras decidió limpiar las principales calles del centro de Nápoles, para aplacar las críticas que le acusan de no gobernar, ganando de paso algunos puntos entre la población napolitana. Llamó al ejército y en pocos días Nápoles lucía, sino reluciente, al menos normal.
Considerando lo inmediatista y populista de la medida, era obvio que en pocos meses la situación volvería a ser la de antes, y no sería posible volver a la ciudad sin tropezarse con bolsas de basura por doquier. Razón por la cual, había que aprovechar esta oportunidad para pasear por la bellísima metrópoli campana. La ciudad es esplendida, posee un patrimonio histórico, arqueológico, artístico, cultural y culinario, que harían palidecer a casi cualquier ciudad del mundo, sin embargo permanece relegado en un lugar secundario e inexplicablemente poco cuidada.
El invierno italiano esta vez nos ha regalado largas semanas de sol y temperaturas templadas, mientras medio hemisferio norte se congela. Así una bella jornada de sol, paseando por la costanera napolitana es una delicia. Poca gente, el mar calmo y en el centro la animación de siempre. Motos pasando por todos lados, pilotos sin casco, gente caminando tomada del brazo, jóvenes exagerando gestos y mujeres muy arregladas mostrándose en via Toledo. Luego un paseo por Piazza del Plebiscito (con sus 25.000 m²), una visita al Castel del'uovo y un buen café por ahí, más tarde una pizza napolitana e ir a reposar al departamento en los "Quartieri Spagnoli".
domingo, 9 de enero de 2011
Una mañana de invierno en Weimar
martes, 4 de enero de 2011
Estación Central de Leipzig
Construida a partir de 1909 e inaugurada en 1915, en su momento fue la estación de trenes más grande de Europa. Otrora próspera ciudad comercial e industrial de Sajonia, Leipzig, recibe aun a los visitadores en esta monumental obra neoclásica, reconvertida en un centro comercial de 3 plantas. A pesar de que la ciudad perdió la importancia y centralidad de antaño, sigue conservado un gran atractivo y una gran historia. De los 718 mil habitantes que tenía en 1930, en 1998 llegó a contar tan solo 434 mil, subiendo hasta llegar a los 518 mil de hoy en día. En la imagen, es posible apreciar el corredor central de la esatción y la infinidad de lámparas colgantes que penden del techo, unos días antes de la navidad.
domingo, 31 de enero de 2010
Un día como tantos otros
Un silencio sepulcral, a penas interrumpido, por el periódico trinar de unos pájaros lejanos, cubre serenamente la totalidad de esta ciudad, cual si hubiese decidido tomarse un respiro. Afuera, el frio aire romano, aguarda tranquilo que terminen de pasar las horas, quizás cansado de azotar las ventanas y los árboles un par de horas atrás. La madrugada silenciosa de una noche de tormentas eléctricas, avanza veloz.
Amaneció nublado, gris, con una cansada lluvia intermitente. Como si hubiese estado arrastrada por la tormenta de la noche precedente. El día, recién en torno al medio día, logro sacurdirse definitivamente del lastre invernal, dando paso a una limpia y brillante jornada de sol. La cual, sin embargo, antes que pudiese desenvolverse como tal, se desvaneció fundiéndose en un ocaso frio, único y anónimo, como tantos otros.
sábado, 14 de marzo de 2009
Desvaríos
Cae la noche rápidamente sobre esta ciudad. Cómo van cayendo velozmente las hojas del calendario, y como las ideas van cayendo en el olvido. Imágenes que se suceden. La tranquilidad de siempre en torno. Más de alguna frase cliché se me viene a la mente.Extraña época esta. El invierno ya casi no se recuerda, luego de la llegada vehemente del sol, pero el frío aún no se va. Salgo a caminar, a deambular por el barrio, viendo puesta en práctica las añejas ideas modernas de los años '30. Disfruto de la comodidad del anonimato, y las ancianas me saludan. Me siento como si hubiese caído de lo alto desde ninguna parte. Cual si no pertenesiese a lugar alguno, y hubiese aparecedio un día delante de estas gentes, sin recordar de donde vine.
Heme aquí, pensando muchas cosas al mismo tiempo. Mirando por la ventana. Comiendo Nutella. Escuchando a Los Jaivas luego de años, y llegando a conclusiones irrelevantes. Cómo cuando en luego del climax de la crisis financiera de la tienda alba, los hinchas recibieron con los brazos abiertos la "desnaturalización" del Club, y me pregunté: ¿será que lo único que nos une a nosotros los colo-colinos es un odio profundo hacia la Universidad de Chile?
Sólo así me pude explicar, que con la esperanza de seguir derrotando (como de costumbre) al chuncho rival, fueron capaces de entregar felices el Club a las fauces del capital financiero, como si fuera una empresa, un servicio, un producto de consumo; y siguen felices viendo el fracaso permanente del plumífero, mientras el Club permanece cautivo de una empresa que enriquece a empresarios hinchas de otros clubes, en una flagrante traición a los valores fundacionales de Arellano y compañía.
Ahora, me pregunto ... - pues insisto en la costumbre de preguntarme muchas cosas, y responderme bien pocas - ... ¿como puede haber cumplido 100 años el futuro y el culto a la vida contemporánea? Por acá lo pregonan en distintos lugares, de izquierda a la derecha, en carteles callejeros y museos, "Un siglo de Futurismo". Mientras al mismo tiempo, al dar vueltas por la ciudad eterna da la sensación que nada es más actual que el "pasadismo", o la tendencia a congelar el pasado, rendirle culto y venderlo en pequeñas porciones. Será que un "ismo", permite cualquier subversión de la lógica. Si es así, me declaro víctima del "confusionismo" ... no del sistema de pensamiento desarrollado por Confucio, sino de la corriente que tiende a la "confusión" y lo confunde todo.
viernes, 20 de febrero de 2009
El lobo y la luna
Andando en soledad, con la extraña sensación que la acostumbrada inmovilidad de su mundo se enfrenta de lleno a lo inevitable, un joven lobo adulto deshace un camino bien conocido por la fría oscuridad del bosque en busca de algún claro donde echarse a dormir. Cae pesada la noche, envolviendo cada pequeño rincón en la densidad de la penumbra. Su cuerpo delgado evidencia en su falta de vitalidad, el cansancio de largas jornadas deambulando sin propósito.
Anda solo, a oscuras, aprovechando el frío para mantenerse despierto, siempre al filo de caer desfallecido. Sin embargo, continúa tercamente buscando un lugar idóneo donde echar a descansar sus huesos. Lleva meses deambulando por los bosques interminables que se extienden al norte de la estepa congelada, más allá de los negros cenagales, donde uno extraños seres cubiertos de pieles extraen un líquido negro de las entrañas de la tierra, desde curiosos árboles de ramas entrelazadas sin hojas, cual si fuese su único alimento.
Sin otra intención aparente, que dejar andar sus patas una tras la otra, camina más por inercia que por convicción, pero con una idea fija en su mente, encontrar un buen lugar donde abandonarse hasta que tenga energías de nuevo para seguir adelante.
Una fuerza desconocida, instintiva, lo anima a seguir adelante, aún contra la resistencia de sus debilitados miembros, para alcanzar aquello que apenas intuye. Su vida, desde que se hartó de luchar contra las grandes manadas de lobos por un espacio en los tibios valles que serpentean desde los montes a las llanuras del sur, carece de más motivo que seguir errando en las sombras aguardando la muerte de la última esperanza.
El invierno en franca retirada, replegándose cada vez más al norte, cual si buscara refugio en los negros bosques que se extienden más allá del horizonte, hasta caer de golpe sobre los acantilados que marcan el fin del mundo. El cielo, eternamente cubierto por densas nubes grises, lentamente va dejando esporádicos espacios libres donde se asoma intrusa, de tanto en tanto, la luna a contemplar sin comprender el andar lento del lobo errante. Carente de fuerzas siquiera para lanzar un amago de aullido, hambriento y cansado, el lobo se deja caer sobre un pequeño claro, entre dos grupos de gruesos y añosos árboles a los pies de una quebrada, bajo la palidez fría de la luna que con seriedad lo cubre con su luz argentina como queriendo cobijarlo.
2004
martes, 3 de junio de 2008
Fragmentos inconexos - 2
II
Junio, 9:45 de la mañana
Cada una de las esperanzas condensadas como gotas inútiles, sobre el aburrimiento de vidrios perezosos, se funden resignadas en cualquiera de estas perdidas mañanas exasperantemente similares.
Nada verdadero por hacer, nada nuevo que decir. Cierta inmovilidad silenciosa y brutal. El mundo podría venirse abajo, esta ciudad podría desaparecer devorada por la tierra, pero todo continuaría tediosamente igual. Los minutos no detienen su continuidad perseverante.
El sol se levanta de su letargo de varios días, no sin cierto cansancio. Hoy podría ser perfectamente ayer. Un día más, un día menos, que importa. Quizás ya sea mañana, o quizás no sea nada todavía, da igual.
Prendida en el subterráneo de la conciencia, una luz de esperanza insiste en verme, a futuro, feliz. Afuera pasan los años, las estaciones, las décadas. Todo con extrema rapidez. No hay tiempo de digerir un tiempo demasiado ajeno. Sin embargo, aún así no ocurre nada. Todo se mueve para terminar igual.
El viento paró, la amenaza de un cambio se evapora con las gotas de lluvia que dejó abandonadas el temporal por estos lados. El sol volvió, la vida continúa. Debo trabajar. Todo igual. La esquizofrenia del mundo nos vuelve inmóviles.
2001
sábado, 2 de febrero de 2008
Un día como tantos - 3
Todos los síntomas de esta tarde invitan a huir lejos de aquí, a correr hasta la tibia comodidad de la casa a disfrutar del invierno en la seguridad seca del calor de hogar. Pero algo más allá de este día y su tarde tan poco acogedora le impulsan a quedarse inmóvil, resistiendo estoicamente el frío, a observar como un anochecer se cierne sobre un día moribundo.
Papeles viejos arrastrados por la ventolera acompañan el andar lento e inevitable de gentes que se abandonan serenamente al aburrimiento, intentando escapar de la amenaza de una noche fría cerniéndose sobre sus vidas.
La universidad duerme, inmensa, sobre un lecho húmedo al amparo de los cerros y bosques cercanos, esperando despedir al último solitario invernal para poder entregarse en plenitud a los brazos de Morfeo. La universidad sufre aún su letargo de los ‘90s interminables e infructuosos, con esporádicos sueños de vida real y optimismo.
Algún lejano y escuálido rayo solar, el último quizás, corrió también a buscar refugio en algún rincón de la ciudad gris. Todo es frío y temprana oscuridad, verde oscuro y humedad gris. Colillas de cigarros decorando escalinatas y senderos bordeados de arbustos, aún orgullosamente verdes, fundiéndose en la confusión de las sombras, que se compadecen de la desnudez de los árboles resignados.
El frío llamado a la cordura por fin es escuchado y se decide a seguir viviendo. Casi como despertando de una hipnosis voluntaria vuelve al mundo, se sorprende de la oscuridad reinante y del helado aliento de un invierno que se anuncia insoportable. Las ganas de ver televisión tomando un café caliente, sentado en la alfombra a los pies de la cama, lo conducen rápido a la confortabilidad de su departamento.
1998
jueves, 31 de enero de 2008
Un día como tantos - 2
Otros comunican públicamente su cansancio como poniendo barreras de defensa ante un imaginario aluvión de juicios que pululan por el ambiente ante el hecho de sentarse en una escalinata perdida a ver morir la tarde. El temor al ridículo, a la evaluación constante, a las miradas inquisidoras, se respira en cada sitio de esta ciudad y el ritmo de la vida resulta lo suficientemente estresante como para que algunos extenuados, incluso con la necesidad de tener una excusa para usufructuar del espació común, se hayan detenido brevemente a desconectarse de la realidad, a descansar de la locura de estar vivos hoy en día. El mundo está girando demasiado rápido, y no va hacia ninguna parte.
Hay poco más de 15 personas en el foro de la universidad, sentadas, leyendo, fumando o escribiendo, con una excusa perfecta para estar ahí, los otros tan rápido como llegan toman conciencia de que no tienen nada que hacer y se marchan. A la izquierda la facultad de derecho luce desierta, tras un árbol no muy grande iluminado por un sol moribundo. Alguno que otro ciclista, desafiando porfiadamente el suave viento polar, se pierde en dirección a la laguna. Resulta hasta bella la sincronización de exhalaciones humanas que indican una severa disminución de la temperatura ambiente.
No parece cierto que sea miércoles, que gran parte del plantel universitario esté en un paro indefinido de actividades, y que recién hace poco más de cuatro horas un importante contingente de jóvenes universitarios y liceanos combatiera deportivamente en una lucha desigual contra las impacientes y organizadas fuerzas de la policía uniformada, quienes haciendo uso de su superioridad logística y tecnológica abusan de la ingenuidad infantil de estudiantes con complejo de guerrilleros centroamericanos, que aún confían en la eficacia de un par de cócteles molotov y de una esporádica lluvia de piedras contra la efectividad del arsenal químico de Carabineros.
En fin, son las reglas del juego, y todos las conocen de antemano. Alrededor la fría calma de provincia inmóvil. Ya ni se siente el ácido nauseabundo del abundante gas lacrimógeno. Si al menos usaran gas hilarante, esta universidad sería más divertida.
El viento no detiene su afán de calar hasta los huesos. Se ven, a la distancia, mormones caminando con aparente despreocupación, como intentando hacer todos los esfuerzos para pasar desapercibidos, pero se ven demasiado formales y jóvenes a la vez, como para no levantar una sospecha de artificialidad, demasiado rubios y medio nerds como para no reparar en ello.


