viernes, 13 de febrero de 2009
Bajorrelieve Castel Nuovo - Nápoles
martes, 10 de febrero de 2009
Un giorno come tanti
La fila circundada por rejas avanza veloz, ante la atenta mirada de aburridos agentes de policía. Por ahí algún recién llegado mueve la cabeza, como si comprendiense que sucede a su alrededor, balbuceando palabras en un idioma extraño. Otros, mordiéndose la lengua para no exteriorizar su rabia, miran desconfiados.
Intentado dar la mejor impresión, hablando del mejor modo posible, el idioma recién aprendido, se enfrentan uno a uno ante la apática actitud de quienes cargan con el peso de trabajar ahí. Por un sueldo mediocre, en un contexto desagradable, realizan una labor mecánicamente repetitiva, que está a años luz de lo que soñaban, cuando comenzaban a hacer sus primeras armas en el cuerpo de policía.
Una extraña mueca se dibuja en muchos rostros, como si la resignación estuviese en constante disputa con la esperanza, y todo dependiese de la voluntad de un funcionario. El frío desagradable de una mañana húmeda, se condice con el desgano que recibe a quienes llegan ahí sin saber a quien más acudir. Es una situación indigna. Personas que no han hecho nada más que decidir probar suerte en otra parte del mundo, tratados como sopechosos de algo. En una zona de frontera a espaldas del esplendor de la ciudad.
Sentado. Con su número en el bolsillo, y un libro en la mano. Pasa el tiempo leyendo teorías sobre el derecho a la ciudad y el uso del espacio público, mientras en los confines olvidados de la urbe seres frustrados deben lidiar con la desesperación de un grupo de desgraciados atrapados por meses y años en una trama burocrática, ante la total indiferencia de todos los demás.
viernes, 6 de febrero de 2009
Latas de Valparaíso
Cómo dijo alguien por ahí, que lindo sería Valparaíso sin los porteños. Quizás sea una adaptación de la idea italiana que se escucha de vez en cuando en el centro norte de la bota itálica, "la cosa che non mi piace di Napoli sono i napolitani ..."
Pues en el fondo, quizás no nos guste tanto Valparaíso, y tan solo nos agrade la escenografía que ofrece, la cual querríamos trasplantar a otro lugar o congelar en el tiempo como museo al aire libre, pero sin la gente que la habita, que la ensucia, que la vuelve insegura, que querría modenizarla ante a nuestro estupor.
Quizás solo interese crear un espacio vaciado de contenido (y de habitantes) donde se ejecuta la representación de una época extinta, que se ofrece como producto al turismo de masas.
lunes, 2 de febrero de 2009
Latas de Valparaíso
sábado, 31 de enero de 2009
Una mañana en el mundo - 2
Quién hubiese pensado, en medio de tanta quietud, que las semanas se iban a hacer días deshaciéndose en conflictos absurdos, rezagando esperanzas y olvidando problemas reales, que se vuelven invisibles de lo inabordables que se han tornado.
Sentado en bus, en una mañana sin tiempo, acompañado de anhelos remotos e imágenes inconexas, atraviesa un momento que ha permanecido aquí por siempre. Dándole la impresión de haber ya vivido este instante, perdido entre sus apuros cotidianos y los proyectos de siempre. Inmóvil. El mismo cielo, las mismas nubes, un villorrio extraído del siglo 19 y abandonado en el camino para recordarle la multiplicidad de niveles del tiempo.
Se siente vacío. No es hambre esta vez. Los días, las estaciones y los años pasaron con prisa. Junto con todo lo que iba a ser, los sueños de castillos en el aire y futuros maravillosos, de viajes a regiones que no existen y con gente de fábula. Todo ello perdido en algún recoveco del mundo, en alguna calle, en algún bar, en algún “sendero entre hojas llevadas por el viento". (como diría Rilke)
O en alguna playa, en un otoñal atardecer sobre el océano anaranjado, sobre la arena fría o las rocas húmedas. O quién sabe en que lugar. Aquí y ahora. Un cuerpo fatigado, vaciado, con la avidez vencida, rumbo al mismo lugar de siempre, alimentándose con desgano de campos, prados sembrados, colores primaverales y animales pastando. Campiña en permanente transformación, pero que permanece eternamente igual.
En él todo sigue igual, aunque algo opacado. Sus ideas empolvadas, los pantalones gastados, sus permanentes reacciones incoherentes, el clásico look infantil bastante envejecido y enmohecido. Ya van casi 23 años, y no parece desprenderse aún del lastre tedioso de los 18 rebeldes de todo el mundo.
martes, 27 de enero de 2009
Scuola Italiana de Valparaíso
domingo, 25 de enero de 2009
Una mañana en el mundo
“Tombstone shadow” en los oídos fatigados. La inercia de un fin de año agotador, arrastrándole hasta Los Ángeles en busca de algún descanso. La necesidad de un respiro, torna imperativo abandonar la capital regional.
El día se abre precioso. Una mañana perdida en la fugacidad de los primeros días de un diciembre cualquiera, en un fin de siglo cualquiera, se colma de luz. Poco falta para que el reloj de las 10. Las plantaciones forestales alineadas uniforme y sutilmente, encaramándose en laderas y quebradas, dando cierta sensación de orden y europea inmovilidad.
Sobre las cabezas un cielo celeste rasgado por delgados cirros blancos en lo más alto, parece feliz de ver la destellante luminosidad matinal. Todo aquí, en medio de ninguna parte, rumbo a las tierras mas allá del salto que se quedó sin agua por la sequía, es luz. El sol quiso, hoy, salir con más bríos que de costumbre, cegando en parte las somnolientas miradas que se han asomado tímidas a recibir un día que amaneció aceleradamente.
Desde la infancia, mucho tiempo pasó hasta poder volver a detenerse y observar entre bosques, el andar de una primavera así, tan verde y seca como un verano, tan corta como un domingo de Marzo, tan vertiginosa y quieta a la vez. Todo luce en fotográfica inmovilidad. Un momento eterno, plasmado en tan sólo un instante, visible únicamente desde un bus en marcha, da una impresión de petrificación. Cual si desde hace siglos no se modificara un árbol, no se moviera una rama, esperando el paso de estos viajeros de entre sueños.
Todo ahí. Aguardando. Prados, gentes perpetuas, colinas amarillentas, pinos opacos y de mal humor golpeados por aletazos de luz, álamos alegres vigilando el paso de los días, una carretera interminablemente corta. Música invadiendo la intimidad de sus oídos. Casas, cabañas, chozas, pocilgas, gallineros ruinosos, el recuerdo triste de un antiguo bosque nativo, la esperanza de un verano inolvidable que aún no comienza, pero que se esfuerza por hacerse presente, el canto de gorriones y zorzales. Todo ahí. Todo eterno.


