miércoles, 26 de noviembre de 2008

Aun sin nombre

Sentado, con una leve curvatura en la espalda. Concentrado en la pantalla del computador, y preso de sus audifonos, no presta atención al café que hierve en la cocina. - ¡João il Caffé! - le gritaron desde el comedor. - Minchia - exclamó.

Lo de siempre. Se sirve una taza pequeña, ofrece a los demás, sin una buena acogida, pues el aroma a café ligeramente quemado no es muy grato. Menos para quienes se han criado en medio de un culto al café, los padres del espresso.

La mañana avanza con tranquilidad. Está helado, humedo. El roció aún baña la superficie de la calle, aunque algunos rayos de sol salen a alegrar el día, sin lograr entibiarlo. El aire, levemente pesado, denota que la noche anterior se estuvo fumando en este departamento.

Camina lento, un par de pasos, haciendo sonar las pantuflas contra el mármol del piso. Abre el refrigerador. El sonido seco de una gota cayendo en el lavaplatos recién desocupado, se confunde con el ruido de la goma de la puerta del refrigerador separándose de su cuerpo, como si fuera una ventosa.

Saca su acostumbrado yoghurt de frutillas de Vipiteno, en el Süd-Tirol. Sirve un vaso de jugo de naranja, limón y zanahoria, y pone a tostar dos panes. Junta las cosas en una bandeja, y se dirije al comedor. Su pareja de amigos está terminando de desayunar. La mañana parcialmente nublada, se desenvuelve con rápida normalidad. Por ahí uno leyendo las noticias, mientras ella se entretiene ensimismada en su Vaio, detrás de sus particulares anteojos blancos.

2008, continuará

sábado, 22 de noviembre de 2008

Del vació al olvido - 2

Ella es bellísima, aquello es incuestionable, si hubiese aparecido 4 años atras, antes del fin del tiempo, habría sido perfecto, pero muchas veces las mejores cosas de la vida no surgen cuando son realmente necesarias, o aparecen justo cuando no se les puede sacar el máximo provecho. Casi como jugar el pártido más brillante de tu vida en el momento en que ya no puedes aspirar al campeonato, y te conformas con estar en la mediana de la tabla.

Tras su sonrisa amable, y su cordial control de las situaciones, no es fácil aventurar el tipo de pensamientos que cruzan por su cerebro. A decir verdad, no se sabe realmente si le interesa averiguarlo, y mientras no se le ocurra volver a adoptar la acción de la inmovilidad, tal vez no sea necesario hacerlo. Mejor subirse a una pequeña rama y dejar que la corriente lo arrastre, preocupándose sólo de no volver a la orilla y de no estrellarse contra las rocas en los rápidos.

En este minuto lo que requiere su alma es paz, calma, movimientos predecibles, limpiar su mente del óxido adherido por años. Dejar de buscar tanto sentido a las cosas que pasan y aceptar que lo hagan. Quizás lo único en que esté fallando es el no haber aprendido aun a hablar, a decir las cosas adecuadas, aquellas que se esperan oir, para volver debidamente al rebaño del que huyo en el tiempo en que todo parecía posible y el mundo se habría demasiado hermosos y enorme como para dejarlo escapar.

Descansando en la noción de que todo pasa por algo, aunque no sepamos qué es, es más sano entregarse a la inercia, sin miedo a lo que vendrá, pero carente de expectación. La inocencia finalmente lo abandonó, sin lanzarlo a la desconfianza, simplemente lo dejó en manos de la indiferencia. Tal como cantaba cierto compositor que se resistió (sin lograrlo) al reconocimiento: "how much difference ... does it make".

Los días continuarán. A cada periodo de sol le sobrevendrán noches nubladas como esta, y a cada aguacero el renacer de una mañana despejada, sin importar demasiado si seguimos aquí, o no, para contemplarla.


2004

lunes, 17 de noviembre de 2008

Le prime parole

Esiste sempre, in un luogo indeterminato perso nel tempo, un punto di non ritorno. Una inflessione, dopo la quale non è più possibile tornare indietro. Non si sa mai quando accadrà, sia nella sorpresa di un incontro casuale, o frutto di una lunga pianificazione.

Vogliamo o no. Consapevolmente o meno. Anche se ci pentiamo dopo, in qualche momento di svista, di qualche modo inaspettato, succede qualcosa a partire la quale niente tornerà ad essere come di solito. Senza importare se è feroce come un incidente, effimero come uno scambio di sguardi, o radicale come una decisione. Nonostante l'illusione della reciclabilità, esiste ancora un certo ordine di cose che non possono essere ricuperati.

Quindi, il rischio della vità risiedi in traversare queste frontiere invisibili, particolarmente quando non si è disposto a tollerare loro conseguenze. Un giorno, una mattina di sole come tante altre, tornerà la fortuna a vita tua, magari in mezzo una semplice passegiata, e non potrai fare come se non fosse mai succeso.

2008

domingo, 16 de noviembre de 2008

Sombras en la ciudad

El ruido seco de un trueno lo despierta. Medio desorientado hurga entre las cosas del velador para ver la hora. Por su ventana entra en plenitud la opaca luz de un día de tormenta. Eran las 8:45.

Se levanta cansado, con una ligera sensación de amargura que no sabe identificar. Algo no va bien, y él evidentemente no está comprendiendo que cosa es. Entra al baño, se lava la cara, mirándose en modo interrogativo. Recorre con mecánica lentitud los oscuros metros del pasillo que separan su pieza de la cocina. Prepara un café, se sirve un vaso de jugo de naranja y saca un yoghurt del refrigerador.

Se oye aún el rumor del secador de pelo, en el otro baño. Sonríe. Los demás comienzan lentamente a despertar. Se encuentran en la cocina, rostros somnolientos. Se saludan con cierta frialdad. Se respira, sino una tensión, al menos una extraña sensación de incomodidad. Sin ocurrir nada en particular, sin llegar a decirse ningún tipo de declaración específica, ayer parece haberse cruzado una de las tantas fronteras indefinidas, que marcan un punto de no retorno.

Sin entender muy bien, ni saber exactamente qué, sabe que desde hoy, hay algo que no volverá a ser igual. Llegó a estas lejanas tierras hace exactamente un año, cargado de esperanzas, proyectos, una ciega convicción y una maleta roja de 35 kilos. Comunicándose apenas, con su lengua tarzanesca y escasa, luego de un par de semanas dando bastonazos de ciego, arrastrando el cansancio de no ver resultados postivos, por las calles adoquinadas de la ciudad entre edificios vetustos, llegó al lugar que se convertiría en su hogar, gracias a una enorme casualidad. Quizás Dios exista después de todo, pensó.

2008

sábado, 15 de noviembre de 2008