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viernes, 8 de octubre de 2010

De vuelta a Concepción


Un buen día volví. Luego de casi tres años, mis pasos volvieron a pisar esas veredas, hoy por hoy, a mal traer. Volví al único lugar que he sentido como hogar, en mi incansable peregrinar por un puñado de ciudades, un par de países y una infinidad de casas y departamentos. Siempre supe que volvería, aunque está vez haya sido solo a dar una ojeada, tal como sigo sabiendo que volveré defenitivamente un día.

Ahí estaba la ciudad, para el ojo externo, casi normal, repuesta, en pié y funcionando. Con algunas pequeñas señas de lo ocurrido en el centro, pero dentro de todo "bien". Los escombros ya no están, las calles con sus hoyos y baches están transitables. Allí donde algo se vino abajo, sus restos ya no están, salvo por el más emblemático de todos que sigue ahí como un mudo testigo de una tragedía que pudo ser aún peor.

Sin embargo, aguzando un poco el ojo, el escenario es muy distinto. Edificios desocupados y con orden de demolición hay varios, algunos bastante emblemáticos (véase foto n°1); algunos de los símbolos urbanos de la ciudad, con serios daños estruturales, aunque todo parezca normal desde afuera (véase foto n° 2), y así muchas cosas más, desde el puente que ya no está, mientras el otro sigue cerrado, la infinita sucesión de grietas por todos lados.

Pero lo que más me llamó la atención fue la desesperanza. La sensación de abandono que en la otrora próspera capital del Bio-Bío, se respiraba. La ciudad parecía haber envejecido, haberse deteriorado y la gente con ella. Pasados 7 meses, es como si poco hubiese cambiado, más allá de la reposición de los servicios básicos, la reinstauración del orden público y de haber retirado de las calles las toneladas de escombros. La gente sigue ahí, apesadumbrada y sin hablar de otra cosa, esperando. Sin saber muy bien qué.

Pasada la urgencia, el resto del país se olvidó de la tragedia. Pero la ciudad quedó ahí, de rodillas, lacerada y maltratada. La reconstrucción, por parte del gobienro, nunca comenzó, la demolición o restauración de edificios emblemáticos, está suspendida, como bien me dijo un guardia de seguridad de la Intendencia Regional, porque no es una prioridad. Pasaran los años, este evento quedará como parte constitutiva de la identidad colectiva de ese pueblo y la ciudad, para "recuperarse", comenzará inorgánica y paulatinamente a destruir las señas del pasado, arrasando con el patrimonio, intentando construir una nueva, que no le recuerde estos dolorosos días. Como muchas otras veces lo ha hecho (en 1835, 1939 y 1960). No quise ir más allá, la falta de tiempo fue la escusa para no ver el puerto y los poblados costeros arrasados. Sin duda el panarama iba a ser peor.



martes, 10 de noviembre de 2009

El Ghetto de Roma



En mi infinita ignorancia tuve que llegar a esta ciudad, luego de 31 años de vida, para descubrir que la palabra gueto era de origen italiano (ghetto). Siempre me pareció que debía ser algo inventado por los nazis, o al menos de origen alemán; pero no, la bendita palabra es italiana. Si bien no se sabe muy bien el origen etimológico del término, se acepta que hacer un barrio solo para judíos y llamarlo de tal modo es un invento veneciano.

El guetto de Roma fue creado por orden papal poco años después, y valga la coincidencia, sugió en el momento en que los reyes católicos deportaban, perseguían y obligaban a renegar de su religión a los hijos de Abraham (ya que sin ello la inquisición no podía mandarlos a la hoguera). Ante tal nivel de intolerancia ibérica, cientos de miles de judíos escaparon de la persecusión castellano-aragonesa refugiándose en Italia y en el Imperio Otomano (donde fueron llamados sefardíes, en hebreo, españoles). Paradojalmente, en aquellos años era papa Alejandro VI, un tal Rodrigo Borgia (de origen valenciano), quien recibió a muchos de estos refugiados, ante la ira de los reyes españoles.

50 años después de la muerte del papa Borgia, un sucesor suyo (Pablo IV) decidió quitarles los derechos que les había concedido el libertino de Borgia y mando a establecer un barrio donde se les congregara, en una zona entre el río Tiber y el Teatro Marcello, obligando a los judíos a portar un distintivo en la ropa. Así nace, en 1555, el ghetto de Roma . Si bien, luego las resticciones aplicadas a los judíos se fueron relajando, no fue sino hasta la invasión napoleónica en 1798 (con proclamación de la República incluida) que se les reconoció igualdad ante la Ley.

Pero como el pequeño emperador fue tan solo una tempestad de verano. Los judíos fueron nuevamente reluidos en el ghetto en 1814, luego de la restauración papal. Finalmente en 1849 (durante la efímera 2 República Romana) la segregación fue finalmente abolida, aunque tuvo que esperar algunos años antes que se hiciese efectiva. El ghetto se transformaría en un barrio más de la ciudad , y los judíos vivieron en libertad, recién en 1870 cuando el Reino de Italia, derrotó definitivamente al Estado Pontificio, conquistando la ciudad.

Pero claro, la cosa no podía ser tan simple. En 1943 la ciudad fue ocupada por los nazis (tenían que aparecer). El día sábado 16 de octubre cientos de soldados alemanes rodearon el barrio y detuvieron a poco más de mil judíos, los cuales, embarcados en la Estación Tiburtina, fueron enviados en trenes de carga rumbo a Auschwitz. De ellos solo volverían 17 con vida.

lunes, 22 de junio de 2009

Porta Pia - Roma

En 1561 el papa Pío VI decidió abrir una nueva puerta en el extremo norte de las "murallas aurelianas" de Roma (construidas durante el mandato del emperador Aureliano en el siglo III, para defender la ciudad de los ataques bárbaros), en reemplazo de la puerta de "via Nomentana", la cual fue clausurada. Para tal efecto el sumo pontífice le encargó la obra a Miguel Ángel, quien presentó una serie de proyectos, entre los cuales se eligió el más económico, desestimando algunos de incomparable valor artístico por considerarlos "demasiado extravagantes".

Sin embargo, la puerta entra a la historia, no tanto por su insigne diseñador, sino por un evento ocurrido en sus inmediaciones a fines del siglo XIX. En 1870, nueve años después de unificación y la creación del Reino de Italia, la ciudad de Roma continuaba siendo la capital de los Estados Pontificios, los cuales no reconocían la legitimidad del reino de los Saboya. En aquel entonces la capital de Italia era Florencia, pero existía el deseo de convertir a la ciudad eterna en la capital del joven país.


Por orden del rey Vittorio Emmanuele II, 65.000 soldados italianos se plantaron fuera de los muros de la ciudad, decididos a conquistarala. Roma en aquel entonces era defendida por 15.000 hombres, entre los que se contaba la guardia suiza, un importante destacamento francés y una serie de voluntarios de diversas nacionalidades. }

En dicho lugar el 20 de septiembre cde 1870 las tropas de élite del Ejército Real Italiano, los "Bersaglieri", lograron hacer una brecha (unos metros a la derecha de Porta Pia) en las murallas aurelianas entrando a la ciudad. Roma se rendiría 5 días más tarde, con un saldo total de apenas 68 muertos y 209 heridos. Siendo incorporada al Reino de Italia, y unos meses más tarde (en febrero de 1871) declarada su capital.

Normalmente se subraya que la importancia central de este evento fue convertir a Roma en la capital de Italia, sin embargo, se tiende a olvidar que dicho evento implicó la muerte del Estado de la Iglesia (y de su poder temporal) que había existido por 1118 años. Tendrían que pasar otros 59 años, para que la Iglesia volviera a tener un Estado, cuando gracias a los Tratados de Letrán Mussolini reconoce a la Ciudad del Vaticano como Estado y Pio XI reconoce al Reino de Italia.

sábado, 6 de junio de 2009

Cementerio Acatólico de Roma





Ubicado en el Rione del Testaccio de Roma, el Cementerio Acatólico (o Cementerio Protestante) fue construido a mediados del siglo XVIII, justo fuera de los antiguos muros de la ciudad, para sepultar a aquellos difuntos que no profesaban la fe católica y que por ello se encontraban imposibilitados de ser enterrados en la ciudad. De este modo, se pensaba evitar manifestaciones de fanatismo religioso contra aquellos que eran excomulgados, y toda clase protestantes, luteranos, anglicanos, ortodoxos, ateos y suicidas.

Fue emplazado junto a la piramide Cestia, construida en el año 12 (a.c) como tumba de Caio Cestio, la cual está integrada a las murallas Aurelianas, a un costado de la puerta de San Paolo. En él se encuentran sepultados personalidades de distintas nacionalidades, entre poetas, novelistas, escultores, pintores, diplomáticos, entre muchos otros. Destacan por ejemplo los poetas británicos John Keats y Percy Shelley, los pintores rusos Karl Briullov y Alexander Ivanov, el escritor inglés Robert Ballantyne, así como el hijo de Goethe (August) y el filosofo italiano Antonio Gramsci.

martes, 5 de mayo de 2009

Rampa Prenestina - Roma



Ubicada en la intersección de la via Teano y via Aquilonia, en Roma (Municipio VI), la Rampa Prenestina fue construida al alero de un Instituto Industrial. Antiguamente albergaba dependencias industriales, y fue construida para permitir el acceso de vehículos motorizados a los pisos superiores del edificio adyacente. Con el paso del tiempo, la estrutura fue abandonada y se convirtió en refugio de vagabundos y tóxico-dependientes. En la actualidad la estructura está habilitada como centro cultural y espacio de exposiciones.

lunes, 23 de marzo de 2009

El Foro de Pompeya y el Templo de Júpiter


Retumban en los oidos los tambores de los controles para el corazón del sol. Como meses atrás golpeaban los rayos del sol en las petreas calles de Pompeya. Alguna vez los mismos tambores hicieron retumbar estas mismas ruinas. Siempre bajo la mirada atenta del Vesubio, en silencio, como esperando.

viernes, 29 de agosto de 2008

Fábrica de ruinas - Roma

En las imágenes que siguen a continuación es posible observar los restos del Foro de Augusto, en la vía de los Foros Imperiales de Roma.


Con mayor detención es posible observar también, unas marcas de techumbre y ventanas. Estas corresponden a edificios de un barrio entero mandado a destruir durante el gobierno de Benito Mussolini para crear los Foros Imperiales, entre los años 1924 y 1940.



Las columnas que se ven a un costado de la estructura fueron armadas en los años '20 en el lugar que ocupaban las casa destruidas. Es posible observar, además, muros de ladrillo que corresponden a las nuevas construcciones para reforzar las estructuras antiguas.


Finalmente, en la última imagen se oberva los trabajos de demolición del barrio que daría origen a la via Imperial, y a los Foros Imperiales, "cuya recuperación y restauración escenográfica se realizó con el ideal de continuidad histórica de la Roma fascista con la Época Imperial." (Presentación de la exposición "L’invenzione dei Fori Imperali: Demolizioni e scavi: 1924-1940")

martes, 22 de abril de 2008

Algunas romanas aclaraciones


Una de las cosas que sabe casi todo el mundo es que Roma es la capital de Italia, nada más evidente, como decir que París es la capital de Francia. Pero, ¿desde cuándo es la capital? Se sabe que Roma es muy antigua, por algo le dicen la ciudad eterna. Pero exactamente cuándo se tranformó en la capital de este país.

Según la leyenda, un buen día, hace ya muchos años, una pareja de hermanos, abandonados al nacer, decidieron edificar una ciudad en el mismo lugar donde fueron encontrados por una loba de nombre Luperca, cuando aún eran unos lactantes. Tal hecho habría ocurrido hace unos 2.761 años, en un lejano abril de 753 AC, de acuerdo a los calculos de algunos antiguos historiadores romanos. Pues bien, estos hermanos se pelearon, como suele suceder en las historias antiguas, y uno mató al otro. El que sobrevivió, Rómulo, le dio su nombre (una derivación de él) a la ciudad, aunque el nombre del otro, también era bastante parecido.

A partir de aquel momento se instauró una monarquía de la cual fue la ciudad principal, o capitālis. Por ahí, más o menos, por el 510 AC, estos avanzados descendientes del hombre de la loba, decidieron constituirse en República. La cual, como fiel representante de los valores republicanos y democrático-helénicos, no encontró mejor forma de promover su novedosa forma de gobierno que extender sus dominios desde la Lusitania (Portugal) a Syria, y desde la Galia a Cyrenaica (en Libia). Para aquel entonces, la expansión era tal, que parecía evidente lo que debía ocurrir. El 31 AC, un señor de nombre Augusto (que en verdad se llamaba Caius Octavianus, y más sería conocido como Caius Iulius Caesar Octavianus Augustus) llegó al poder, y transformó esta "prospera" república, en lo que ya era de hecho, un Imperio.

Así pasaron los años, la ciudad de Roma, capital del Imperio, se consolidó definitivamnte como la ciudad más importante del "mundo" (según los Europeos y Mediterraneos, que escribían la historia). En su condición de "centro del mundo civilizado", fue fermento de toda clase tendencias venidas del exterior. Pasaron toda clase de estilos, modas y costumbres helénicas, así como también, en el siglo II, se puso de moda "lo egipcio" y se traían animales exóticos de África, obelicos, se construían pirámides, entre otras cosas. Años más tarde, se convertiría en el centro de una nueva religión, que seguía las ideas de un hebreo helenizado de pelo largo, cuyos seguidores morían devorados por los leones en el Coliseo.

Así como todas las modas, y todas las miradas, apuntaban a Roma, también los "bárbaros" de pelo rubio se vieron embelesados por el encanto romano, y decidieron darse una vuelta por la ciudad. Primero, un escandinavo señor de nombre Alarico entró con sus hordas a las ciudad, y la sequeó por 6 días. De ahí en más, ya nada era igual, y se sucedieron diveros visitantes "extrangeros". Hasta que un día 4 de septiembre del año 476, un señor de modales toscos, germano y de nombre Odoacro, destituyó definitvamente al último emperador romano, quien paradojalmente se llamaba Rómulo. Rómulo Augusto.

A partir de ese día, la ciudad perdió su antiguó esplendor. Dejo de ser el centro del mundo, y la capital del mundo civilizado. De hecho, en aquel tiempo quedaba muy poco mundo civilizado. Continuaron pasando los años, y los siglos. Se estableció en estas tierras, en el 756 un nuevo estado, gracias a la gentileza de un tal Carlomagno, que le quitó de las manos tan preciado trofeo a unos señores que se hacían llamar Lombardos. Es nuevo estado, se instaló, construyó edificios, iglesias, catedrales, y palacios, usando los antiguos como canteras, y continuó disfrutando de la ciudad aproximadamente por unos 1.100 años. En verdad, aun resiste en un pequeño barrio de la ciudad, bajo el nombre de Ciudad del Vaticano.

Pues bien. Corrían los últimos años del siglo XVIII, y un pequeño general francés amante de los caballos (de quien ya hemos hablado), decidió tomarse unas vacaciones en Roma. Hay una película llamada Roman Holiday, de 1953, con Gregory Peck y Audray Hepburn (una de las mujeres más hermosas que han existido), donde se los ve recorriendo los distintos destinos turísticos de la ciduad, pero claramente se refiere a otro tipo de vacaciones.

En 1798, montado sobre uno de sus corceles, Napoleón entró a la Ciudad Eterna, mandó al papa exiliado a Francia y proclamó la República Romana. La cual tuvo una breve duración de 1 año y med
io. Como los enredos con el poder son extraños, el pequeño general le devolvió la ciudad al papa, y éste lo reconoció como Emperador de Francia, pero años más tarde conquistó la ciudad de nuevo. Una vez derrotado definitivamente, la coalición victoriosa le devolvió en pleno derecho la ciudad a la iglesia. Sin embargo, el pequeño francés había metido el "bichito" de la "autodeterminación" y el "nacionalismo" entre los relajados italianos.

Así continuó el convulsionado siglo XIX, hasta que llegó el año de La Primavera de los Pueblos, 1848. A raíz de la crisis económica, política y social, se sucedieron revolucionaes en toda Europa. evidentemente Roma no podía ser la excepción, y un grupo de intelectuales romanos fundaron una nueva República en 1849. Con una duración de apenas 6 meses, finalizó luego de que unos los franceses y austríacos decidieran invadir la ciudad y devolvérsela al papa. No pasaría mucho tiempo más, hasta que siguiendo al incansable Garibaldi y sus camisas rojas, derrotaron a austríacos, napolitanos y sicilianos, y sobre la base del Reino de Piamonte y Cerdeña, crearon el Reino de Italia en 1861. Como aún Roma estaba en manos de la iglesia, que era defendida por el Imperio Francés de Napoleón III, decidieron instalar la capital de Italia en Turín, de donde venía el Rey y su corte real. Casi como deslizándose, lentamente la capital comenzó a caminar hacia el Sur. Estuvo unos años en Florencia.

Nueve años más tarde, aprovechando el debilitamiento de los aliados de la iglesia por la Guerra Franco-Prusiana, el 20 de septiembre de 1870 los soldados de Garibaldi, un grupo de Bersaglieri, lograron vencer la resistencia de la amurallada ciudad de Roma en Porta Pía (hay que reconocer que eran bien pocos los soldados de la iglesia) y conquistaron la ciudad. De este modo, el Reino de Italia proclamaba a la ciudad de Roma como Capital del país, y el Estado Pontificio se declaraba "prisionero del Vaticano". Recién en 1929, poco tiempo después que los camisas negras hiceran su famosa marcha sobre Roma en 1922, tomándose el poder (felizmente entregado por el Rey), y luego de un acuerdo entre el papa Pío IX y Benito Mussolini, la Iglesia Católica reconoció la existencia del Estado Italiano y a Roma como capital.



viernes, 14 de marzo de 2008

¿Qué ciudad es?

Es curioso. Más allá de realidades concretas, es finalmente en la mente donde configuramos la realidad, donde le damos forma y sentido. Le prestamos atención a ciertas cosas, mientras pasamos por alto otras, seleccionamos y olvidamos a discresión todo el tiempo. Por ello podemos tener algo frente a nuestras narices, pero no lo vemos, a menos que posea algún referente que despierte nuestros imaginarios. ¿Por qué somos así?, no lo sé, pero sé que en gran medida solo vemos lo que queremos ver, y seleccionamos sólo aquello que refuerza nuestras creencias.

La pregunta era sencilla, pero tan solo un 7% le apuntó (1 persona). Claramente la foto en cuestión es de Santiago de Chile, hacia fines del siglo XIX, específicamente es la calle José Victorino Lastarria esquina Padre Luis de Valdivia (barrio Lastarria). Digo claramente porque quienes conocen el barrio habrán visto alguna vez la iglesia de la Veracruz, terminada de consrruir en 1852 y monumento histórico desde 1983. Claro como correspondía, en el siglo XIX tenía un revestimieno de cal (blanco), y en la actualidad luce un característico color "rojo colonial", pero básicamente es la misma construcción sin cambios estructurales.

Ahora bien, por qué en el imaginario de la mayoría una antigua ciudad estilo colonial, con casas de adobe de una planta y tejas "coloniales", calles de tierra y una atmósfera medio rural, corresponde a ciudades en Perú y Bolivia, es un misterio. Quizás no creemos que sea posible que Santiago haya sido así alguna vez, y hace tan poco (un siglo y cuarto, mas o menos). Quizás asociamos arcaico, colonial, rural e hispánico, con Perú o con Bolivia, porque ahí aun se conservan centro históricos con esas características en algunas ciudades, quién sabe. Lo cierto es que el 84% elegió alguna de las opciones en Perú o Bolivia. Un 35% dijo que la foto era de Arequipa, un 35% que era de La Paz y un 14% que era de Lima.

Miren la segunda foto, es Santiago, en la misma época, calle Moneda mirando hacia el cerro Santa Lucía, que rural, ¿no?. Con el clásico muro perimetral de adobe, las fachadas continuas, el caballo afuera de la casa. Qué ocurrió con la ciudad, sus ritmos y sus caballos. ¿Dónde fue a parar Santiago de Nueva Extremadura?

La respuesta es simple, desde mediados del siglo XIX hasta al menos la crisis del '29, destruyeron casi toda la ciudad (digo casi, porque aún queda la Casa Colorada), con su apacible aire provinciano e hispánico-colonial, y construyeron en su lugar Santiago de Chile, una ciudad "más moderna", más Europea y "menos" latinoamericana, (tal como los vecinos hicieron con Buenos Aires), que dieran la impresión de una sociedad al ritmo de los tiempos que corrían. Alejada de la ignorancia, la ruralidad, lo arcaico, la imagen de simbólica del atraso cultural. Se estaba construyendo el mito de una nación y se necesitaba una capital acorde con ese relato. Cuando quisieron recuperar los vestigios de ese pasado arcaico donde su supone que descansa el "origen" de la nación, ya era demasiado tarde.

2008

lunes, 18 de febrero de 2008

Sobre caballos, colores y batallas


Cuenta la historia (o la leyenda), que en la primavera del año 1800, un pequeño, valiente y astuto general francés, junto a su gran ejercito de 40.000 hombres, cruzó los Alpes en 5 días, en dirección al Piamonte (Italia), antes que los deshielos abrieran los pasos cordilleranos, para sorprender a sus enemigos austríacos.

Se cuenta también, que en aquellos duros y fríos días atravezando cerros, montañas, quedabras y desfiladeros, las tropas consumieron cerca de 800 kilos de carne, 22.000 botellas de vino y casi una tonelada y media de queso, en la Hostería del paso San Bernardo (el mismo lugar donde crearon los perros San Bernardo), y que se habrían ido sin pagar la cuenta (la cual la habría terminado de pagar en 1984, Mitterrand). Pero sin lugar a dudas, aquelló que más remarca la historia, es que el gran conquistador de Europa, habría seguido los pasos de Aníbal, no sobre grandes y míticos elefantes o tranquilo sobre un fogoso corcel como lo habría hecho Carlomagno cuando se hizo coronar en Milán, sino sobriamente sobre el humilde lomo de una mula.

Pues bien, se cuenta que luego las tropas francesas habrían derrotado a los austríacos en una zona llamada Marengo, en las cercanías de Alessandria, obligándolos a abandonar el norte de Italia. En honor a tan contundente victoria, el conquistador (por ese, entonces Primer Cónsul), decidió que el caballo con el cual había peleado dicha batalla, un pequeño y fuerte ejemplar de raza árabe que había traído consigo de sus correrías en Egipto, se llamaría Marengo.

Dicha actitud, no era de extrañar, pues cuentan por ahí que al pequeño general le agradaba bautizar a sus caballos con nombres de las batallas que iba ganando, así aparece un corcel de nombre Austerlitz, o bien, con nombres de grandes personajes de la antiguedad, existiendo en sus caballerizas, un Tamerlán, un Cirio, un Nerón y un Visir, este último lo habría acompañado hasta su muerte en Santa Helena.

Pues bien, considerando la relevancia de su triunfo sobre los de la casa de Habsburgo, el futuro emperador de los franceses decidió que debía retratar semejante gesta épica de cruzar los Alpes nevados, comicionándole a un afamado pintor de apellido David que se hiciera cargo del proyecto. Con una pequeña salvedad, reemplazaría la humilde dignidad de la mula, por el orgullo de un caballo. Se cuenta, que como no le agrada posar, le dijo al pintor:

¿Posar? ¿Para qué? ¿Cree que los grandes hombres de la Antigüedad de quien nosotros tenemos imágenes posaron?

Y le habría contestado David:

- Pero Ciudadano Primer Cónsul, le pinto para su siglo, para los hombres que le han visto, que le conocen, ellos querrán encontrar una semejanza.

- ¿Semejanza? No es la exactitud de los rasgos, una verruga en la nariz lo que da la semejanza. Es el carácter el que dicta lo que debe pintarse...Nadie sabe si los retratos de los grandes hombres se les parece, basta que sus genios vivan allí. - Habría sido la elocuente respuesta de conquistador.

Pues bien, se dice que, gracias a la reanudación de relaciones diplomáticas, durante el tradicional intercambio de regalos que tenía con el entonces rey Borbón de España, Carlos IV, los gestos de buena voluntad se multiplicaban, yendo de España a Francia 16 caballos y unos cuantos cuadros de Goya, mientras que en sentido opuesto viajaban pistolas de versalles, trajes de la última moda de París y joyas para la reina. En este contexto, el embajador francés habría pedido una versión de la pintura para ponerla en el Palacio Real.

Esta brillante idea, habría iluminado al "pequeño corso" y habría decidido realizar 3 versiones más de cuadro. Finalmente se habrían pintado 5 versiones del general cruzando los Alpes (aunque hay quienes dicen que solo fueron 4), para lo cual se habrían usado dos caballos, uno de los cuales era el querido Marengo que tantas satisfacciones había dado.

No obstante, dicen también por ahí, al otro lado de los Pirineos, que el caballo elegido para posar para tan importante proposito no era sino un tal Jornalero, uno de los caballos regalados por el Rey Español. No es de extrañar, si en aquella brava península hasta Colón dejó de ser genovés para ser catalán.

En fin, algunos cuentan que el dichoso Marengo era blanco (el caballo Blanco de Napoleón), otros que era de un gris oscuro azulado (similar al marengo), y hasta que era castaño. No es extraño semejante confusión de colores, considerando que tenía algo así como 130 caballos distintos para su uso personal. Sin embargo, se sabe que aquel que se supone que es el del cuadro famoso, alcanzó la edad de 38 años, era uno de sus favoritos, acompañándolo desde las piramides a Waterloo, donde fue capturado por los ingleses, quienes aun hoy conservan su esqueleto en el National Army Museum.